martes, 12 de agosto de 2025

Otra carta al cielo

 Querida mamá:


Esto es un desastre sin ti. 

Bueno, ya lo era cuando estabas, pero sin tenerte a mi lado, sin sentir tu respaldo, tu presencia, tu cariño incondicional todo cuesta el doble…Es como estar tullida por todo el cuerpo sin tener ningún tipo de muleta, yendo arrastrándote por el suelo como buenamente puedas, como si fueras el puto Ivar sin huesos. Mi chico hace lo que puede y se lo agradezco infinitamente, sobre todo la enorme paciencia que tiene al aguantar mis días más difíciles, y cuando le respondo de manera cortante aunque no se lo merezca. Por suerte ese es un aspecto que ya sabes que he conseguido suavizar.

Mamá, la verdad es que desde que te fuiste, y sin contar los 20 días de vacaciones que me fui a León, porque tampoco es que fuera el mes entero, no he tenido prácticamente tiempo de poder desconectar de verdad. Todo ha sido un estrés constante y vivo en modo supervivencia porque, por desgracia, tampoco pudiste dejar nada que me ayudara a sostenerme y a tener un poco de tranquilidad económica que es tan necesaria en esta sociedad capitalista de mierda. Bueno, no lo sé al 100%, todavía hay cosas que tengo que resolver aún, pero no he juntado moral para ello. A ver si cuando se acabe el verano consigo hacerlo, ir al centro de salud, recoger tu informe y a ver qué me dicen en el banco de tu seguro o qué se yo. Pero ya te digo que esperanzas cero.


Mamá, es muy triste continuar sin un respaldo económico de ningún tipo, prácticamente al día, casi sin poder ahorrar, sintiéndome una inútil conformándome con trabajos de mierda, turnos partidos, trabajando a partir de las nueve de la noche algunos días sin ningún complemento de nocturnidad y sin ningún festivo, comiéndome estas elevadas temperaturas, sujeta a las inclemencias meteorológicas,  y resignándome cada vez que muere gente por golpes de calor en las noticias, pero nuestro sector, para no variar, siempre se ignora. Qué duro estar teniendo que sonreír y poner buena cara a la gente aunque no se lo merezca. Y aún así habrá gente que me critique y me llame quejica porque al menos tengo trabajo. Pero es que ya me la pela.


Mis piernas, debido a la maravillosa herencia que me dejasteis el que puso el material genético y tú, me pesan y me duelen cada día más.


No puedo permitirme parar, no puedo, porque si paro no cobro, y si no cobro aunque sea menos de lo que por mi categoría, experiencia y posición me tocaría (SEGURAMENTE) no voy a poder tirar hacia delante. Sufrir calor, mareos, viendo a mis compañeros pasando por lo mismo, pareciendo que no tenemos derecho a enfermar, ni a quejarnos, ni a que quedemos sujetos a sufrir percances, porque es que ‘’en Córdoba hace más calor.”

En fin, mamá, que te voy a contar que no sepas. No sabes cuánta falta me hace llegar a casa y verte, sentarnos juntas en la cocina, tomarnos una Judas bien fresquita con unos trocitos de queso añejo porque si no es una cerveza muy fuerte y cae mal. Despotricar aunque sepamos que no vamos a poder cambiar el mundo, pero al menos saber que contamos la una con la otra, reírnos, brindar…


Y, sobre todo, hoy duele horrores no tener esa sensación de amparo, de calor y de sosiego al sentir que, por muy mal que me haya ido el día y por muy mal que vaya a todo, llegaré a casa, me mirarás a los ojos sin ser necesario que me preguntes nada, me acogerás en tu regazo y podré llorar hasta quedarme seca, y después ya podré contarte lo que me inquieta y lo que tanto me angustia el corazón.


Ya no puedo hacer eso con nadie, mamá, porque tú eras mi mejor amiga, mi confidente, y jamás podré volver a tener la sensación de que, no importa lo que pase, si me caigo, estarán tus brazos para recogerme, ayudarme, apoyarme en la medida de lo posible y darme aliento para seguir hacia delante.


Ya no, esa parte de mí, esa sensación murió. me siento más sola, desnuda, desamparada y vulnerable que nunca, ya que el temor de que nada va a cambiar, ni mejorar, y que todo seguirá igual, y que esta mierda de vida seguirá implacable pasándome por encima hasta que al final me mate, es un hecho irrefutable.


Estoy a la deriva en este tempestuoso, asqueroso, tormentoso y revuelto mar.

(¡Deberías salvarte tú sola, eres fuerte, ánimo, patatín, patatán!)

Que os den, a todos los que penséis así, que os den pero que muy fuerte, porque no tenéis ni la más remota idea. Niños de papá con la vida resuelta que no han limpiado ni un váter: ni me miréis tampoco. No hay que minimizar el dolor ni las experiencias; es este día de mierda el que me hace escribir estas líneas, pero tampoco me arrepiento de ello. Si os molesta, volved a vuestro aire acondicionado y a vuestras piscinas privadas.


Me estoy ahogando en el mar de una vida que cada vez es más cruel. Y  no aparecerá ningún barco, ninguna tabla, ni nada que me salve. Todos necesitamos ayuda, pero mii faro se fue, mi constante murió en mis brazos en junio hace dos años. Y, desde entonces, una gran parte de mí sigue caminando a oscuras.


lunes, 2 de enero de 2023

Falacia opiácea (clonarexión)

 Nuevo año, me reporto. 

Adelanto que todo es mentira.

Estaba un poco ansiosa y mezclé un lorazepam con un clonazepam y he descubierto una sensación que no experimentaba desde hace mucho. Despreocupación total un estar sin estar. Paré de ver la peli de Halloween para ojear algunas páginas del libro sobre la República y la guerra civil española de un autor extranjero: sabia decisión,  los escritores de afuera son los que mejor hablan de las mierdas que nos pasaban ya que no tienen el sesgo familiar implícito del bando que les tocó cuando les arrojaban a las trincheras por lo de las batallas de hermanos contra hermanos, o esas excusas que suelen poner los fachas encubriendo de alzamiento militar lo que fue un golpe de estado en toda regla. María... La republicana, controla. Pues eso.

Que curiosa sensación... plasmo lo que me nace sin orden, importándome tres pitos si está bien o mal, sin deber,  solo por placer... Mi letra es un enigma pero me da igual ya la descifraré... o no. Lo que no entienda me lo inventaré sobre la marcha. Carlistas, soberanos... poco ha cambiado la intención, solo el término, la elitoqueta, digo etiqueta. Oprimen igual pero si estás en su grupo de etiquetados privilegiados a salvo estás.

Pastelitos sobre mi simple lectura torcida a ver si en otro momento traduzco. No me gusta la línea recta, todo queda más prolijo pero siempre fui de naturaleza, la diosa, la infinita curva. Qué aburrida la línea recta, prefiero ondas sensuales como el que nos transmite la música a partir de la vibración, que suenen...hasta personas sordas sentirán música al tocar y seran partícipes de la experiencia a través de la vibración que sienten. Exquisito cadáver, pensamientos inconexos que derivaron ni el surrealismo de la época que nos ha tocado... escribiendo... descuidado el trazo porque escribo por donde me da la gana...¿será mi verdadera naturaleza la que sale a raíz de esta trama? No lo sé, pero liberada de preocupación cual paloma que escapó libre para ir estropeando monumentos gracias a lo corrosivo de su defecación fue libre y no se enganchó a lo preestablecido. No dejéis que ningún malintencionado amargado y frustrado os diga cómo vivir solo por corregir sus errores y venga a dirigir vuestra vida. No gente, en serio, romped con lo recto y abrazad las curvas, sentíos libres, disfrutad de la plena libertad de ser vosotros mismos haciendo oídos sordos a aquellos que en su afán de rectitud al orden olvidan lo importante de la vida que es rodearse bien, dejarse llevar, hacer el loco y compartir con los que queremos. Mithrandir, haberte conocido ha sido curativo... Siempre está genial ver gente que sufre por dolores para los que nunca le preparó la vida que sigue hacia adelante tiene mucho mérito. Gracias porque aunque no lo sepas (nosotros) vosotros, seres como tú son  muy necesarios para continuar en los momentos de bajón al recordar que existís.  Y el niño... Bueno, a ver si se comporta y es bueno y no desperdicia mi voto de confianza. Pero igualmente yo en ese punto de mi vida ya no reclamo y lloro... Ya me aparto para no molestar en vista de todo lo que me ha tocado pasar.  Pero joder, quédate y que se note que quieres hacerlo. No más falta de cuidados ni malentendidos, solo cosas bonitas y amor sincero, para mí y los que más me importan, como el que siempre será mi familia, el manantial de bondad, el niño del pañuelo. Eso pido porque estamos cansados de sufrir, merecemos amor bonito y que nos prioricen y que se preocupen por nosotros. 

Mis deseos para el año que entra y la gente que quiero es el valor para sacar de nuestra vida lo que no suma, por más que nos importe, porque será peor a la larga aferrarse a lo que no funciona, es estúpido tratar de sanar una herida sin cura. Pido infinita salud para mí y para vosotros, para estar bien y disfrutar de la vida y de aquellos a los que amamos y cuidar de los hermosos vínculos y que estén con nosotros. Recordad que tenemos dos orejas para escuchar y una boca para hablar. Trabajemos esa habilidad porque muchas veces lo que queremos es desahogarnos queremos que nos escuchen, desatarnos. 

No es excluyente a la libertad disfrutar de un muchachito que no se corta en llamarte puta, te azote y te haga sentir suya y tambien respete tu espacio. La felicidad es incluso en la lejanía sentirse acompañado.

Insisto, quered a los que se lo merezcan, no más maltrato. Censuro un poco lo último porque no es correcto, pero... En resumen, agradezco lo que se acabó porque ratifica lo que no quiero. Ya sé que no te guardo rencor, así que palante y espero que tiréis, al final la pela esta pela y (casi) todo se mueve por materialismo... Y lo siento, yo no pude ofrecerte nada más que lo que tenía en aquel momento, el materialismo opulento pudo a mi tísica precariedad. Va, en resumen sed buenos pero no tanto... No pongáis la otra mejilla y disfrutad de la vida que son dos días y uno lo pasamos durmiendo y a saber lo que pasará.

miércoles, 21 de diciembre de 2022

Amor

 -¡Pero qué preciosa que estás, cuánto tiempo hacía que no te veía!-exclamé, mientras venía hacia mí y nos fundíamos en un cálido y largo abrazo. Me llegó su dulce perfume y lo aspiré. La observé, maravillada: llevaba un vestido rojo oscuro de satén que se ajustaba a su cuerpo, una hermosa gargantilla negra y los ojos maravillosamente delineados, que brillaban con fulgor,y una cálida y seductora sonrisa, junto con sus sonrojadas mejillas, la hacían aún más bella.

Me sonrió más aún y me cogió la mano con cariño.

-Puede que hiciera mucho que no me personara, ante tus ojos, pero chica, llevas sintiéndome ya una buena temporada, que a mí no me puedes engañar.-Dijo, y esta vez sonrió más pícara.

Me ruboricé y sonreí, contagiada por su encanto, era lo que tenía...

-Qué me vas a contar, Amor.-Suspiré.-Pero es que a veces parece tan difícil, a pesar de que te sienta tan...

-...¿Tan fuerte?-Acabó por mí.

-Sí.-Musité.-Como hacía mucho que no sentía...

-Pero mírame, por favor, si soy uno de los sentimientos más bonitos que existen... -me dijo, mirándome con ternura.

-Es cierto-dije, mirándola con detenimiento,y le pregunté ilusionada:

¿Y te ves así de bonita porque así de bello es lo que siento?

-Pues claro, tontita. Así que yo que tú no me preocuparía... Y me sentiría dispuesta a disfrutarlo... Pero cuidado, no te dejes cegar por Pasión, suele confundir las cosas a veces...

Le acaricié la aterciopelada mejilla y suspiré.

-Aunque vais de la mano, generalmente...

-Así es-me dijo, y acto seguido se ruborizó.-Pero niña, controla la intensidad de tus pensamientos que como venga se va a liar y tú tienes que centrarte un poco.

-Es verdad-admití, serenándome.-Aunque me ha gustado mucho verte, ratifica lo que siento...

-Y a mí verte de nuevo. Bueno, te dejo con tu parte racional de nuevo... 

Nos despedimos con otro abrazo y en lo que se desvanecía la estela de su agradable perfume, la imagen de un chico se coló en mis pensamientos. Sonreí, suspirando de nuevo, respiré hondo y volví a mis apuntes.


jueves, 8 de diciembre de 2022


Esta vez vino a mí vestida de gris y azul, con su sempiterna comisura caída. Lo cierto es que ya llevaba tiempo sin verla...
-Vaya, en realidad hace ya que no nos vemos, Tristeza.-Le dije.-A ver, qué te trae a mí hoy, cuéntame.
Se colocó hecha un ovillo a los pies de mi cama y se rodeó las piernas con los brazos. Pobrecilla, se veía tan pequeña... Me acerqué a ella y la abracé, y noté cómo de inmediato sus lágrimas me mojaban la camiseta. La apreté más fuerte y sonreí levemente.
-Ya, ya... Vamos, suéltalo todo, si es que nunca aprendemos, ¿verdad?-la caída de sus lágrimas me indicaba el motivo de su llanto.
 -No, si es que...-continué.- Maldita naturaleza intrínseca de cuidadoras que tenemos, parece que es un defecto, cómo cuesta desaprender. Pero cuaaantas veces te he dicho que primero tú y después tú. O sea... Nosotras. Venga, venga, pequeña, suénate... Le acerqué unos pañuelos y me agradeció el gesto restregándome cariñosamente su cabeza. Se sonó bien la nariz y se secó las lágrimas. Le ofrecí un poco de chocolate caliente que bebió con gusto. Me quedé un buen rato abrazada a ella, meciéndola hasta que sus sollozos cesaron definitivamente y se quedó dormida. Le acaricié el pelo, y lentamente se desvaneció entre mis brazos y desapareció. Curiosa sensación, pues cuando la evitaba en algún momento explotaba, se apoderaba de mí y nos sentíamos fatal, o mutaba hacia Enfado o Ira, pero al final, en tibio abrazo hemos aprendido a convivir y escucharnos y vamos aprendiendo a no llevarnos mal... Hasta otra, Tristeza.



miércoles, 12 de octubre de 2022

¿Por qué las palentinas son (y bien merecidamente) caballeros de honor?

Ya lo dice bien el himno de la tierra de Palencia:

En tus muros se estrella Lancaster

triunfa de él la mujer palentina

y al impulso de la estudiantina

se instituye la Universidad


Según cuentan las crónicas, en mayo de 1388 las tropas del Duque de Lancaster, por aquel entonces pretendiente a la corona de Castilla, atacaron Palencia y ante la ausencia de hombres (pues la mayoría se encontraban en campañas militares), tuvieron que ser las mujeres las que defendieron la ciudad. Y lo hicieron, ni cortas ni perezosas.


El Duque de Lancaster desembarcó en Galicia y fue introduciéndose con sus tropas en La Coruña, Orense, Santiago, algunas tierras de Castilla hasta que llegó finalmente a Palencia. Las mujeres palentinas, colosales en valor, defendieron la plaza saliendo victoriosas pues el Duque de Lancaster retiró su tropas, con la humillación que además suponía el hecho de que su ejército hubiera sido totalmente derrotado por mujeres siendo considerablemente superior a las fuerzas femeninas que cayeron sobre ellos al abrigo de la noche, utilizando también los ropajes de los hombres para confundir al enemigo, y únicamente armadas con rastrillos y guadañas. A pesar de su enorme valor y su picardía, las palentinas también sufrieron bajas: decenas de sus cuerpos también tiñeron de sangre los campos castellanos.


Una vez conocedor de estos hechos, Juan I de Castilla premió la gesta otorgando privilegio perpetuo de Caballeros de Honor a las mujeres palentinas, permitiéndoles lucir la banda dorada que las iguala a los caballeros.

Esta banda dorada con una flor morada se conserva a día de hoy en el traje tradicional palentino.

Impresionantes mujeres, ¿verdad?

Ars Amandi les rinde un merecido homenaje en esta maravillosa canción:




jueves, 6 de octubre de 2022

Para un P.N.(Reafirmaciones)




No tienes ni idea de lo que es, hasta que lo sabes. Hasta que comprendes, con una evidencia abrumadora. Y tras el shock, la tristeza, la enorme decepción, el desmoronamiento, la estatua que se derrumbó, la ridiculez, la pantomima, el ''poooorr favor". Es el turno de la risa. Sí, la risa.

Porque todo era mentira.  Así de simple. Porque dentro de tu ser está la luz, la esperanza que nunca se apagó, por más que estuvieras hasta el fondo en esa negra, corrompida y pútrida espiral tan destructiva. Por fin despertaste de la ilusión. Y viste la realidad. Una realidad tan cruda, tan cruel, tan desoladora que te dio hasta asco, arcadas, una profunda náusea.

Afortunadamente esa luz está, no se apagó, nunca se fue. La inconsciente voz de alarma en tu cabeza, la disonancia, el no dejarse confiar nunca al 100%, claro, cualquier cosa, absolutamente cualquier cosa que digas podrá ser utilizada en tu contra.

¡DESPIERTA, SIEMPRE ESTUVISTE ENGAÑADA! Y TU SALVACIÓN SERÁ AFERRARTE A QUE NADA FUE REAL, NADA DE NADA.

 ¡Qué raro era todo a veces! ¿Verdad? Demasiado bueno, muy repentino. El hielo derritiéndose tan pronto, como por arte de magia. Y luego, de golpe y porrazo, el hielo otra vez. El quedarte extenuada, sentirte mal, la ansiedad, ver pautas raras pero callarte, por estar totalmente anulada. ¿Siempre yo? Mentira tras mentira.

Afortunadamente, no dejaba de sonar una vocecita en tu cabeza diciéndote que desconfiaras.. que había algo raro, no sabías el qué, pero algo raro había.

Pero no te preocupes. Me di cuenta tarde, sí, pero me he dado cuenta. Y más vale tarde que nunca. Por desgracia para ti, el tiempo cada vez corre más en tu contra. Cada día estás más viejo, y cada vez engañarás a menos gente. Y te vas a morir solo. Sí, tú, el que tanto te reías de las pobres feministas que se iban a morir solas. Pues joder, puestos a estar, mejor entrar en una relación estable con un satisfyer que contigo, hijo de puta. Y donde tú te derrumbes, yo triunfaré. Porque, ¿sabes una cosa, alma podrida? Yo valgo mil veces más que tú, por más que tú te esforzaras en hacerme creer lo contrarío. NUNCA, JAMÁS DE LOS JAMASES SERÉ COMO TÚ. BASURA.

Se acabó. Se acabaron tus triangulaciones, se acabaron todas tus manipulaciones, tus mentiras, tu luz de gas. Ya se te ha caído la máscara y he visto el ser corrompido y lleno de mierda que eres. Menuda tristeza ser así, de verdad. Menudo horror debe ser levantarse por las mañanas y verse en el espejo tan inanimado, tan lleno de nada. No te preocupes, cosa deshumanizada, no pienso hacer nada. En serio. Te dejaré morir en mi memoria, que es lo mejor que se puede hacer con un ser vil y rastrero como tú. Fin de la partida.

lunes, 4 de octubre de 2021

Libenolandia y el reset apuñalístico


Año 2050. Por fin sucedió. Ya no era ningún problema. Las emociones negativas, sus consecuencias, sus diversas maneras de hacernos perder el tiempo debido a que muchas personas se hacían bola en un bucle de autocompasión que duraba horas, ¡horas! Ya no eran necesarias. No había tiempo que perder en una sociedad en la que había que producir, y producir, y producir. Sin parar. 

En el año 2050, prácticamente ya todo se hacía desde casa, escasas eran las profesiones en las que había que estar en la calle para desarrollarlas. La hostelería había dado un paso más en ese sentido, no era difícil ver en los bares tras las barras cómo "trabajaban" robots que sabían exactamente cual era la cantidad exacta de alcohol que ponerle al cliente en el cubata para que fuera rentable echarla y no desperdiciar el género. Precisión milimétrica al detalle. Los repartidores estaban por todas partes, haciendo recados, pero tras la fachada de regularización seguía siendo un empleo bastante precario, pues los que realmente tenían competencias aceptables y buenos trabajos se quedaban en casa. Todo el mundo lo sabía. 

Pero lo mejor, era el invento más revolucionario del momento: el reset apuñalístico. Tras muchos años acumulando poder entre las masas por su enorme difusión en las redes sociales, los coaches que se hacían llamar expertos sobre psicología en general eran las fuentes más consultadas, tomados por sabios cualquier asunto que se refiriera a curar el alma, en tanto que los profesionales con carreras y años de preparación detrás eran duramente ignorados por quizá no gozar de tanta popularidad, o no saber ''venderse'' al no tener espacio en un lugar donde el contenido que esperas encontrar se encuentra tan fácilmente en la palma de tu mano.

Pues bien, este grupo de expertos de esa época, había conseguido, tras años y años de investigación, con un riguroso equipo de gente detrás (pero eso no importaba puesto que no eran la cara visible), un invento que revolucionaría la mentalidad de la gente deprimida en aquella época tan triste en la que apenas había contacto: el reset apuñalístico. 

Este llamativo invento consistía en, básicamente, un utensilio que era prácticamente igual que un cuchillo de cocina, pero con una característica especial: que cuando te lo clavabas en las costillas cuando ya sentías que no podías más cada vez que la angustia, la tristeza, o la depresión más profunda te atacaban no morías, sino que permanecías en una especie de trance momentáneo. El cuchillo, con un avanzado mecanismo, estaba imbuido de sustancias altamente relajantes y poderosas que una vez introducidas en el organismo que te hacían estar bien al momento, así que ya, con un simple reset apuñalístico, la depresión se había curado. Al ser muy muy fina la hoja, producía la sensación real de puñalada, lo cual producía cierto alivio al notar que por fin ponías fin a tu dolor y acababas con el sinsentido de tu existencia, pero era tan buena su tecnología, que nada más salir de tu interior, la herida misteriosamente ya se había cerrado. El lema no podía vender más: "¡No sea improductivo! Un simple reset convertirá en solo minutos de angustia horas e incluso días de tristeza." 

En Libenolandia no había nada que causara mayor deshonra que ser improductivo, especialmente a causa de una actitud negativa o triste, fuera por la causa que fuera. Eso ni hablar. Había que estar siempre sonriente, y ser siempre positivo. Y de hecho, había que ser un necio para discutir que si realmente querías conseguir algo, el universo conspiraba para que lo lograras. Así que era muy lógico que la sociedad pusiera todo su empeño en evitar que las personas tuvieran, hablando mal y pronto, una actitud de mierda respecto a la vida y sus problemas.

Sin duda fue un gran descubrimiento, pues la gente podía seguir adelante con su vida sin mucho drama. Aunque todo hay que decirlo, el efecto de las sustancias en el organismo no era eterno, y con el paso del tiempo podía causar una severa dependencia, cosa que los expertos trataban de solventar haciéndole ver a sus seguidores en sus plataformas que realmente no tenían que pasarse con estos "resets", pues realmente si eras una persona positiva y valiente, con uno al mes era más que suficiente. El problema, como intentaban hacer ver los psicólogos titulados a los que prácticamente nadie quería escuchar, es que de nada servían esos resets si no se trataba la fuente del problema, porque por más que se tratara químicamente, una y otra vez se volvía a la tristeza. De hecho no era raro que de aquella se dieran muchos casos de personas que habían muerto por sobredosis de resets, o que por intentar aguantar y no hacerlo, habían quedado ingresados con ataques de ansiedad, o serios cuadros de síndrome de abstinencia. 

Pero el caso es que fue una herramienta importante en su momento, en la búsqueda de la cura perfecta para la depresión, porque eso sí, en Libenolandia la máxima era buscar la felicidad, o al menos, que se viera en tu cara, ya que lo importante era ser positivo, y había demasiado por hacer y mucho que producir como para osar permitir que la gente sintiera tristeza, con todo lo que sabemos que eso conlleva, y la enorme pérdida de tiempo que esto genera. 

lunes, 5 de octubre de 2020

Neomentiras

 

Bueno, ¿y ahora qué, eh? ¿Qué quieres?

Sueltas el típico discursito positivista de que las cosas van a mejorar y a desaparecer.

Qué fácil para ti, tenerlo tooodo tan masticadito en la vida, sin tener que haber pasado aprietos de ningún tipo, ¿a que no? Total, papá y mamá siempre van a estar ahí, ¿verdad?

No me cuentes otra vez el rollo manido de siempre de que nadie elige sus circunstancias, de que cada uno hace lo que puede, nadie elige donde nace, patatín y patatán. No me jodas: todos somos iguales, sí... pero sin duda, algunos más iguales que otros.

¿Tratas de empatizar con mi situación, de hacerme ver que tu vida entre algodones en realidad siempre ha sido difícil? Venga ya, niñato de papá con poses de pseudopunki de tres al cuarto (más de uno encajaría aquí). El día que sufras mínimamente las putas preocupaciones de verdad, te vas a mear encima y llamarás a tu mamá haciendo una ouija (si es que no la tienes viva) para tocarle los ovarios y molestarla porque ni siquiera sabes hacerte un bocata.

Odio, sí, odio, rabia, por las circunstancias. Nadie ha elegido esta puta mierda que ha pasado, eso es verdad, o sí (ojito a las conspiranoias) pero es una mierda, por más que intentéis pintarla de rosa y perfumarla. No me vengáis con el puto positivismo de los cojones desde vuestras posiciones privilegiadas para hacer que me sienta mal porque (manda huevos) mi situación sea mala y os cuente mis mierdas y os diga realmente lo jodido que es todo  en general porque os es más cómodo estar en vuestra sillita sin preocupaciones de ningún tipo porque en algún momento, por inspiración divina o por algún milagro, la cosa mejorará, o eso pensáis. (Ooooh gobierno malvado, ooooh qué bueno Amancio, ooooh chernobyl...y  mientras los poderosos se frotan aún más las manos al tiempo que abultan aún más sus bolsillos).

Lo que pasa es que muchos no tenemos esa opción de esperar, por desgracia. Tenemos que estrujarnos los sesos a base de bien para salir de esta. No podemos quedarnos sentaditos en nuestro cómodo sillón esperando a ver cómo se arregla esta puta crisis de mierda sin ningún tipo de responsabilidad que nos quite el sueño y la codiciada paz mental. 

Así que, si no puedes entenderme, si no puedes entendernos por tus circunstancias, por tu posición, o incluso tu manera de pensar, al menos cállate la puta boca y no me digas mentiras endulzadas que en realidad, si usas tu cerebro para pensar para variar, ves que ni siquiera se sostienen porque no hay quien se las crea. Todo eso son puros castillos de naipes en la sociedad del egoísmo supremo, en esta puta mierda que nos vende por un cacho de fuel, que se follan la sanidad y los derechos, llena de humanos, pero totalmente falta de humanidad. 

Si es así, simplemente mírame con resignación, o cágate en todo conmigo, o dame un abrazo, un puto
abrazo y la promesa de que también contaré contigo en las malas, que al menos esta mierda no ahonde en nuestras discrepancias y a pesar de las diferencias sepamos mantenernos unidos.


martes, 4 de agosto de 2020

De equilibrios energéticos


A veces pasa. Cuando algunos aspectos de nuestra vida no van tan bien como nos gustaría, repentinamente otros empiezan a equilibrarse y a ir muchísimo mejor. Por supuesto, no es inmediato, pues toda situación de estabilidad requiere de un comienzo caótico que balancee las energías, ¿acaso no suelen empezar las mitologías con un caos, una explosión, un no ser indefinido que después poco a poco se va desglosando, y va surgiendo la materia, y ya todo se va configurando? "En principio estaba el Caos, del cual surgieron Gea, la tierra, y Uranos, el cielo..." Pues así con la vida.

No obstante, no debe asustarnos ese batiburrillo, ese cacao de altibajos emocionales cuando nos viene todo como muy de golpe, esa montaña rusa, pues es necesaria para encontrarnos a nosotros mismos en el proceso, para reafirmarnos acerca de lo que somos, de lo que queremos ser. Es cierto que puede llegar a asustarnos, porque en principio es como si estuviéramos en el ojo del huracán, tratando de analizar por qué nos pasa lo que nos pasa, qué nos rodea y cómo hemos llegado a esa situación.

Pero una vez somos conscientes de lo que sucede, de lo que hay, de lo que sí, de lo que no, de lo que realmente necesita tu mente, tu cuerpo y tu corazón en ese momento de tu existencia se nos abren interesantes posibilidades que, si somos personas avispadas, deberíamos saber aprovechar de la manera más conveniente en función de lo que nos apetezca.
Al fin y al cabo, somos dueños de nosotros mismos y lo que nos llevaremos cuando esto acabe serán todas nuestras experiencias, es mejor arrepentirse de lo que hagas que de lo que no en todo caso y SIEMPRE habrá quien te critique hagas lo que hagas, aunque actúes de la manera más políticamente correcta a ojos de la zoociedad, así que, dentro de la máxima de no hacer daño a nadie (¡que eso también te incluye a ti, ojo cuidao!) lo suyo sería hacer lo que te parezca. Sin olvidar lo de la responsabilidad para el responsable, y tal.

Bien es verdad que lo de los equilibrios es algo casual, pues de hecho la manera más rápida de ser infeliz es, irónicamente, buscando la felicidad a como dé lugar, y es cierto que las mejores cosas suceden cuando uno menos se las espera, cuando está más centrado en otros aspectos. Y entonces, pum, aparece. Y qué maravilla cuando sucede, realmente. Disfrutemos pues. Desde la calma, desde la consciencia, desde la paz del ser.


jueves, 23 de julio de 2020

Expreso sin expresión


Insomnio de madrugada nuevamente, algo desgraciadamente habitual en este verano tan inusual que nos ha tocado vivir. Decido salir a dar un paseo y las calles están casi vacías. Al menos me refresco y no me agobio tanto llevando la mascarilla, no todo va a ser malo. Abstraída escuchando música y pensando en las cosas de la vida, mis pasos me llevan delante de una pequeña cafetería. Llama mi atención de inmediato y dudo seriamente si entrar o no, pues es demasiado temprano y puede que acaben de abrir y tampoco querría ser una molestia. Veo la duda en mis ojos reflejada en el cristal de la puerta. Decido entrar y me acerco dubitativa a la barra... No hay nadie.

-¿Hola?-pregunto, en voz baja pero audible. Nadie sale.-¿Hola, hay alguien?-pregunto, un poco más alto.

Al momento sale un hombre de la cocina.

-Hola-responde con voz grave. Se coloca detrás de la barra y me mira escrutándome con la mascarilla puesta.

Me sonrojo de golpe, su mirada es muy intensa,su color de ojos es difícil de definir...¿verde, marrón? Serán de esos ojos que suelen decir color avellana, creo... y me percato de que tiene un piercing en la ceja. Lo miro durante unos tres o cuatro segundos, hasta que me empiezo a sentir algo incómoda.

-Eh...-murmuro.

-¿Qué te pongo?-me pregunta con un deje de chulería que me incomoda. Le devuelvo la mirada con determinación.

-Un expreso-respondo lacónicamente.

Asiente y noto cómo entorna los ojos. Estará evaluándome, estará pensando qué decir, estará contrariado porque he llegado demasiado pronto... Indescifrable, en estas circunstancias es tan frío todo...

-Enseguida.-Responde, y se da media vuelta regresando hacia la cocina.

Suspiro y me siento en una pequeña mesa esperando mi café. Me bajo la mascarilla, respiro hondo, saco un pequeño bote de gel hidroalcohólico del bolso y me froto con él las manos para dejarlas aún más secas con ese mejunje pringoso pero necesario. Observo por la ventana que el día empieza a clarear levemente. Empiezo a pensar cómo voy a planificarlo, cuando el hombre sale de la cocina con mi café.

-Un expreso para la señorita-dice burlón, colocándomelo delante. Lo miro y no puedo evitar sonreír, y por lo que percibo mirando sus ojos él también me devuelve la sonrisa.

-Gracias-le digo, con amabilidad.

Me guiña el ojo y vuelve tras la barra.

Echo un sobrecito de azúcar y voy sorbiendo el café poco a poco. No está excesivamente caliente. Es justo lo que necesito para arrancar con energía. En unos minutos ya he terminado. Me giro y noto que el desconocido me está mirando, mientras seca vasos con un trapo blanco. No hago el menor amago por retirar los ojos mientras me limpio los labios con la servilleta y después me subo la mascarilla, y él tampoco. Sólo ojos, sólo una mirada, escasa expresión sin boca acompañada, apenas lo justo para transmitir una intención. Mi ritmo cardíaco empieza a acelerarse poco a poco. Finalmente decido levantarme para ir a pagar mi consumición.

-¿Cuánto es?-le pregunto sin mirarle a la cara. Noto el rubor ascender por mis mejillas. Suerte que llevo puesta la mascarilla, ¡cuánto me agrada llevarla en circunstancias así!

-Para ti un euro morena-me responde.

Se lo doy, y me roza intencionalmente la mano al darle la moneda. Inevitablemente vuelvo a mirarle a los ojos, esos ojos color avellana. Otra vez la intensidad.

-Salgo a las tres, por si te interesa.-Me dice.-Que tengas un buen día.

-Gracias, lo mismo digo.-Le respondo.

Salgo un poco atropellada de la cafetería, ya está amaneciendo, ya es momento de activarse... Y ante un encuentro tan agradable, poco me importa el resto. Sonríen mis ojos a medida que el sol se eleva en el horizonte. Sin duda ha sido un buen comienzo de día.


martes, 14 de julio de 2020

Desmadeja, deja


Hilos e hilos en mis dedos, hilos de colores que se entrelazan en mis manos. Maraña, que se enmaraña y trato de deshacer pacientemente su enredo. Pero por desgracia a veces no lo consigo, y he de cortar los hilos necesariamente. No importa cuanta paciencia muestres, en ocasiones la mejor opción es cortar, hay nudos imposibles de deshacer, y a veces se forman incluso sin querer, por más cuidado que pongas en la tarea. Así es la vida. Pero yo quiero ser capaz de manejarlos, de controlarlos, pues para ello son los míos.

Así pues, me hallo cual perdida Ariadna enredada entre los laberintos de sus pasiones por Teseo...  ¡Traidor! Abuso de amor, tu fin justificó tus medios, tan injusto todo.

Hilos, hilos e hilos, de la vida, del propio destino. Altos poderes, Dioses, ¿a qué jugáis con los míos? Cuando creo que he conseguido desatar uno, descubro que tengo tres nudos nuevos, y así, cual envidia macilenta, me tiro de los pelos con desespero, maldigo, y vuelta a la tarea de nuevo, y cual Sísifo en la roca, una y otra vez haciendo lo mismo sin llegar al final. Intento llegar a conclusiones, y a medida que me acerco a ellas, se van desvaneciendo. ¿Esto es la vida, he de seguir desesperadamente tratando de desenredar lo que las Moiras se empeñan en enrevesar una y otra vez? Risueñas las imagino, llenas de burla señalándome con sus dedos:

"Necia mortal, nunca conseguirás desenredar tus hilos."

Parecen decir, a medida que al ver una sonrisa de dicha en mi rostro, venga a enredar mis destinos.

Pero no os preocupéis cabronas, que mientras tenga fuerza, manos, y pasión, seguiré luchando con mis hilos, y el tapiz de Aracne será una sombra al lado del mío.

sábado, 4 de julio de 2020

Dobitosol

Entró a la habitación y la vio cabizbaja con el móvil en la mano. Bueno, habían pasado tres días... La felicidad le había durado un poquito más de lo normal.

-¿Otra vez?-le preguntó con preocupación, mientras la veía llorar.

Ella se enjugó las lágrimas.

-No, qué va, te juro que esta vez ha sido culpa mía, es que soy demasiado sensible.

-Por favor, entra en razón-le dijo poniéndose a su lado y abrazándola.-¿No te das cuenta de que no te hace bien?

-¡Pero le quiero!-exclamó, con desesperación.

Y él la abrazó con la misma desesperación con la que ella lloraba. La besó dos, tres, cuatro veces, la apretó fuerte, como haciéndole ver que nunca querría que se escapara de sus brazos y también apretó los dientes de pura rabia y frustración.

-¿Pero es que nunca te vas a dar cuenta de que te hace mal? ¿Siempre es culpa tuya, siempre vas a tener tú la culpa de sus desplantes, de sus rechazos, de que te ignore, y de sus actitudes? Date cuenta por favor, es que no ves que algo no encaja.

Ella se levantó y lo miró con furia.

-¡Calla! No tienes ni idea, él me ama, y yo lo amo, y tú no puedes entenderlo.

Él la miró con tristeza y movió la cabeza. Y entonces le habló con suavidad.

-Sé que a veces discrepamos mucho respecto a las definiciones de amor, pero te puedo asegurar que ese lazo envenenado que te aferras tanto en mantener con él no lo es, ni por asomo. ¿Ves normal que te haga tantísimo daño? Por favor... Quien te quiere bien, no te hace esas cosas, ni te produce esas cosas.

Ella se tapó la cara con las manos.

-En realidad es bueno. El problema es mío.

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Bien, y aquí me hallo meses después reflexionando, dentro del autobús viendo el paisaje pasar frente a mis ojos.

Esa fue la última conversación que tuvimos respecto a él. Y de verdad que nada me gustaría más que decir que fue porque ella finalmente entró en razón y vio lo que era, y decidió alejarse, mirar con detenimiento la balanza y ver que las cosas malas superaban con creces las buenas y  una vez haber tomado distancia, haber vuelto a ser feliz.

Pero desgraciadamente no fue así. Por lo que vi desde fuera, y por lo que conocí, poco a poco la empujó hacia la oscuridad más absoluta, y una vez allí la dejó sola y la culpó de haberse dejado arrastrar. Increíble pero cierto. Su luz, la que me enamoró, se la devoró toda, y cuando sólo quedó duda y oscuridad en su interior porque ya no quedaba nada más que sacar de su ser, la dejó tirada como un juguete roto.

¡Y algunos osados se atreven a llamar a eso amor! A esa intensidad, maravillosa seguramente, sí, pero que acarrea fuertes episodios depresivos de la mano. Momentos buenos causados en realidad por el más puro egoísmo de exprimir a alguien cuando se te antoja su compañía sabiendo que está a tu disposición,  que son duramente cobrados provocando después la inseguridad más absoluta en la persona a la que dicen querer. Irónico que sean capaces de producir tanto amor en sus víctimas aquellos que no saben querer a nadie.


Ella no hizo caso a las señales, por más que su cuerpo se lo indicaba, yo lo veía: su estrés continuo, su ansiedad, su malestar, a pesar de que todo en su interior le pedía que se marchara, para nunca volver, que no merecía la pena en realidad.

El problema fue que creyó que podría tener redención, o que la culpa era suya, por su manera de ser, por cómo se comportaba. Siempre buscando la causa, siempre preocupándose de lo que decía, de lo que podía hacer para mejorar la situación. Llegando incluso a decirle lo que quería oír, después acallando su propia voz ocultando la verdad por miedo, hasta el punto de que la situación estuvo al límite de quebrar nuestro vínculo; afortunadamente no lo consiguió... Eso sí, a qué precio. Demasiado alto el precio que pagó por su libertad. Poco a poco se anuló, hasta que llegó lo peor... Sin poder evitarlo el recuerdo vuelve a mí y corto el flujo de mis pensamientos para tomar un par de ansiolíticos. Ahora mejor. Me bajo, mi parada ya ha llegado. Es un día frío, noto el césped helado crujir bajo mis pies.

Lo que finalmente pasó fue que una noche volví tarde a casa de trabajar, y me la encontré en la cama. Pálida, y fría como el hielo: sobredosis de pastillas, y desgraciadamente ya no se podía hacer nada. El horror, imaginaos, la devastación más absoluta. Pensé en denunciar, pero para qué, los asesinos silenciosos son difíciles de pillar. Solo me resta esperar que la vida le dé su merecido, o que al final todos vean lo que es y se quede solo. En fin. Aquí me hallo. Cada semana vengo, y me prometo que jamás volveré a permitir que algo así suceda si está en mi mano...Pero es tan difícil...

Llego a mi destino, surcando el mar de lápidas que pueblan el camposanto. Me planto ante la de mi amor perdido, y los sentimientos manan sin clemencia, y duelen tanto que me atraviesan.

Dioses, por qué no se daría cuenta antes, por qué no pude impedirlo...

-Descansa en paz preciosa, al menos por suerte tu alma ya es libre.

Me agacho, deposito un ramo de nardos sobre tu tumba gris, tras de mí una mano agarra con fuerza mi hombro, percibo un sollozo. Me giro, observando un rostro muy querido, igual que el mío, descompuesto por el dolor. Y entonces, abrazados, ambos lloramos por ti.


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El maltrato psicológico, la violación del alma, la anulación del otro como persona, la ignorancia, el ninguneo, son asesinos silenciosos. Porque actúan tan lentamente, se van filtrando de un modo tan sibilino que emponzoñan de manera sutil la más fuerte de las maneras de ser o las voluntades.

Eso sí, son difïciles de probar; porque hay gente que es experta en darle la vuelta absolutamente a todo y hacer que acabes perdido en su mente, en la más absurda de las telarañas. Y por desgracia llega un punto en que las víctimas ya están tan desquiciadas por todo lo que han pasado que cuesta creer en la veracidad de sus palabras, lo cual aprovechan estos dañinos seres para hacerse ver como los verdaderos damnificados por la situación. La navaja de Occam hace un flaco favor, pues quién creería las explicaciones de un pobre desquiciado que ha sido manipulado, es más fácil creer en el juicio de alguien que no tiene conciencia y se mantiene tranquilo ya que sólo cree en su propia justicia: la que le beneficia.

Pero nunca está de más concienciar señores. Este tipo de abuso existe, no solo en los relatos de ficción que parecen de pesadilla, porque es que lo son, y no solo existe en relaciones de pareja. También en la familia, entre las amistades...
Cuidaos de las personas que os drenan, que os dejan agotados sin saber por qué. No digo que sean tan peligrosos como ciertos ejemplares de esta especie, pero de verdad os digo que no toleréis nunca ningún tipo de abuso, ya que se empieza por poco, cediendo en lo mínimo, y antes de que te des cuenta te encuentras supeditado a la voluntad de una persona y te olvidas hasta de quien eres. Y lo peor es que nadie diría lo que son, porque de puertas para fuera, como suele suceder con gran parte de los maltratadores, pueden ser personas encantadoras y muy educadas. Sólo los que se acercan demasiado y/o tienen la mala suerte de ser escogidos como su alimento pueden decir que han conocido el infierno en la tierra.

Y nadie, oíd bien, nadie es menos que nadie ni merece ser abusado de esa forma. Ningún tipo de abuso es tolerable. Jamás.

Hay que hacer ver la situación a las personas que queremos bien antes de que sea tarde, para tratar de alejarlas de esas personas tóxicas convenciéndolas del mal que les causan. Y así evitar, o al menos tratar de evitar que queden como poco muy perjudicadas o como mucho en el peor de los casos poniendo fin a su vida. Es nuestra obligación moral como buenas personas.

Aprovecho (nunca está de más) para recordar que el amor NO es abuso, el amor NO duele, el amor NO es una estafa emocional. Os puedo asegurar que las relaciones sanas no drenan, no causan ansiedad, no encadenan, no ningunean, no amenazan, no crean inseguridad, no te hacen sentir como si tuvieras que tener cuidado con todo lo que dices, como si caminaras sobre cáscaras de huevo constantemente. Y ya que nadie está a salvo de tan dañina influencia, más vale prevenir que lamentar. He dicho.

PD: gracias infinitas a Rubén  por la foto y tan hermoso retoque y también  a todos los testimonios y experiencias que han inspirado este relato y su posterior reflexión.

domingo, 10 de mayo de 2020

Mácula

Blanco. Hermoso, precioso lienzo de color blanco…

Se acercó, estudiándolo. Acarició la superficie, admirando su pureza.

Poco después manó una fuerte envidia de su interior.

“Por qué tan puro, qué estupidez”

Pero siguió mirándolo. Suspiró. Sintió vergüenza.

Y después, malvada lujuria dibujada en sus labios.

“Voy a mancillarlo” pensó.

Y eso hizo. Cogió un carbón, y dibujó trazos negros, y negros y más negros.

No le bastó. Le escupió, repetidas veces.

“Así mejor”

El lienzo lucía visiblemente deteriorado.

Sonrió para sí.

“Ya no eres tan puro”

Pero no le bastó, aún no. No lucía ningún desgarro, así que se regodeó arañando toda su superficie. Después, le arrancó algunas partes.Y entonces, una cruel sonrisa asomó a su rostro una vez finalizada su obra.

“Perfecto, ahora luces como yo”

Y tras esto, una risa demencial, una risa sin alegría, de pura burla.

Al cabo de unos meses volvió, para deleitarse contemplando la maldad de su obra...

Pero el cuadro había sido restaurado. Su rabia subía por su estómago, temblaba de furia, estaba a punto de echar espuma por la boca. ¿Cómo podía ser que su terrible obra de destrucción hubiera sido rehecha como si nada?


La miró frustrado un buen rato, sintiendo el súbito deseo de destruirla de nuevo. Y lo volvió a hacer. Una y otra vez, con el mismo resultado. No contento con ello, lo intentó con otros lienzos, en algunos fue más afortunado, pues a pesar de ser restaurados con un resultado casi brillante, debido a la insistencia con la que se empeñó por destrozarlos, por su calidad y pureza extremas, había huellas de lo que les había ocasionado. La marca de su mal, que nunca se borraría del todo y que le hacía formar una estúpida sonrisa de triunfo en su cada vez más desfigurada cara: el espejo de su alma.

Por desgracia, tarde comprendió que en realidad daba igual. Podría hacerlo una y otra vez, como había hecho, que volverían a recomponerse. Y fue al darse cuenta de ello cuando comprendió la terrible verdad: le daba tanta rabia contemplar esos lienzos porque eran lo que su alma jamás llegaría a ser, pues desgraciadamente, cuando creces en la oscuridad, te ciega hasta el más mínimo haz de luz. 

Tarde comprendería que su frustración se debía a que jamás conseguiría alcanzar semejante pureza. 

Precisamente, de ahí venía su afán destructivo por mancillarla, por  hacerla reflejar el oscuro estado de su alma, para que al menos pudiera sentirse bien al corromper algo inmaculado, blanco, libre de mácula. Para ver algo que fuera tan oscuro como él y así poder llenar, conseguir colmar el enorme vacío que sentía en el pecho. Para ganar.

Pero de nada servía, pues noche tras noche, se ahogaba en la misma agonía, era su castigo eterno: todo él era un agujero negro, que por más que absorbía, nunca quedaba satisfecho, y siempre culpaba de ello a todo lo que se atrevía a poseer la luz que nunca conseguiría ni aun proponiéndoselo.

sábado, 18 de abril de 2020

Recuerdo que una noche, salí poco después de ver caer el sol. Sin mucha esperanza me dirigí a la tienda más cercana. Sonreí con tristeza recordando aquellos días en los que era una imagen habitual ver las cajas de plástico llenas de frutas, verduras y hortalizas. Sólo quedaban encurtidos y patatas que se estaban echando a perder. Y quedaban muy pocas. ¿Huevos? Una fantasía, ya casi no había gallinas. La muchacha de la tienda estaba pálida, y ojerosa. Normal. Así estábamos todos ya. No sol, no luz. Criaturas nocturnas. Sin apenas comida… ¿En qué ruinosa forma de vida nos habíamos convertido? Le compré unos encurtidos. Y la muchacha empezó a llorar. Preocupada, intenté tranquilizarla, ella trató de sonreír y se secó las lágrimas. No era raro encontrarse así… La entendía perfectamente. -¿Cómo estás?-Le pregunté con amabilidad, mientras sacaba un pañuelo de papel y se lo ofrecía. -Bueno, bastante regular, pero intento llevarlo lo mejor posible. Aunque…-puso cara de extrañeza.-Me ha pasado algo muy raro, si es que podemos llamar a algo así en los tiempos que corren. -¿Qué ha pasado? La chica se dirigió hacia el mostrador de la tienda y me enseñó una olla de barro cocido con una especie de guiso extraño dentro. -Esta noche, al abrir la tienda, me he encontrado esto… Parecía como si alguien lo hubiera dejado ahí a propósito… No lo he probado, porque a saber, pero… ¿No te resulta extraño? Que con la que está cayendo que no hay prácticamente nada que comer, alguien deje un guiso caliente a la entrada de mi tienda… Es… Raro… La miré confusa y asentí con la cabeza. Me acerqué a la olla con recelo: a primera vista el guiso parecía lo más apetecible del mundo, sobre todo en aquella época en la que los víveres escaseaban. Notaba las tripas rugiéndome, se me hacía la boca agua al ver aquel estofado humeante, con sus verduritas, su carne, sus patatas… Pero sí, enefecto era demasiado extraño. Así que contuve las ganas de abalanzarme sobre el guiso con toda mi fuerza de voluntad, le dije a la muchacha que tuviera cuidado y salí de la tienda. Me dirigí a casa con los encurtidos, apretando el spray de defensa que tenía en el bolsillo con la mano: ya había tenido algún susto cuando empezó esta terrible epidemia y la verdades que no tenía ganas de más, así que más me valía estar mínimamente preparada. Justo cuando regresé, encendí la televisión para ver qué nuevas había.Bueno, a excepción de los saqueos habituales y demás, no parecía haber gran cosa de novedad. Ampliación del período de renta básica para aquellas profesiones que, si o si, debían de realizarse a la luz del sol… Aunque lo cierto es que cada vez había más teletrabajo y más o menos la gente se apañaba. Total, tampoco había apenas comida, así que tampoco es que se gastara mucho dinero aparte del alquiler, la luz, el gas… Lo básico. Inflé el pecho y me dispuse a cocinar con lo poco que quedaba. Había unos poquitos espaguetis, podía aderezarlos con aceite y ajo. Me puse a ello y vi que Miriam entró en la cocina. -Hola guapa-le dije, cariñosamente. Ella trató de devolverme la sonrisa. Pobrecilla. A pesar de que era una chica dura y había mostrado una resistencia inusitada a la situación tan precaria en la que nos encontrábamos, era una persona muy sociable y había sufrido bastante con esa situación. A consecuencia de esta terrible plaga que nos asolaba, todo se había complicado… Y hacía mucho que no veía a sus seres queridos. Cabizbaja, cogió una bolsa de tela. -¿Vas al super?-le pregunté, mientras laminaba los ajos. -Sí, bueno… A ver qué hay… y a tomar la luna un poco de paso-me dijo, con voz apagada. Me acerqué a ella y la abracé. La sentí sollozar y la apreté más. -Venga, pequeña… Ya verás como los científicos tarde o temprano encuentran la cura, ya lo verás-susurré, mientras le acariciaba el pelo. Ella suspiró y se separó de mí. -Seguro que sí. Voy a ver qué encuentro. -Gasta cuidado.-La previne.-Coge mi spray, lo dejé en la mesita de la entrada. Ella asintió y salió, cerrando la puerta con un suave ruido. Moví la cabeza y me concentré en la comida. Al cabo de un rato, cuando me encontraba a punto de escurrir los espaguetis, regresó, tremendamente excitada. -¡No sabes lo que me he encontrado!-exclamó entrando como un ciclón. Sus hermosos ojos azules brillaban más que nunca y una sonrisa iluminaba su rostro. -¡Dime!-la apremié, sonriendo, contagiada por esa repentina ola de felicidad. -¡Ven conmigo, no te lo vas a creer!-Dijo, cogiéndome de la mano.-Estaba justo delante de nuestro portal, suerte que nadie la ha visto hasta ahora… Mientras bajábamos por la escaleras, un mal presentimiento me vino de repente. -¿Ver qué Miriam? Abrió la puerta del portal y cogió algo poniéndomelo delante de las narices. -¡ESTO! Y un delicioso aroma me inundó de repente… Un aroma que procedía de la olla de barro que sostenía, en la cual había un guiso idéntico al que me habia enseñado la muchacha de la tienda. Tuve que sujetarme a la pared para que no me diera un patatús. ¡No puede ser! Continuará….

lunes, 6 de abril de 2020

Ha pasado casi un año. La cosa no ha mejorado en absoluto, sino que cada vez va a peor. No podemos salir: el sol está enfermando. No podemos recibir las vitaminas que provienen del astro rey, tan necesarias que han sido siempre, aunque sea unos minutitos al sol… Ya eso parece una utopía. Y pensar que al principio de la cuarentena envidiaba a los que tenían terraza o balcón, para poder tomar el sol… Ya todo eso se acabó. Se acabó a partir del momento en el que los científicos declararon la alarmante situación: lo recuerdo como si fuera ayer.

Iban a decretar el fin del estado de alarma. Habíamos comprado cerveza, patatas fritas, aceitunas, íbamos a preparar cada uno nuestro plato especial, íbamos a celebrar que por fin seríamos libres… De inmediato, cortaron la emisión de todos los programas. Comunicado urgente de la NASA. El sol está enfermo, el sol está enfermando. Se detecta una dolencia que puede llegar a ser mortal. Refúgiense en sus casas, no salgan, puede ser peligroso. ¿Qué? No puede ser. Nos mirábamos estupefactos. Alguien debía estar gastando una broma de mal gusto. No podía ser. Pero salía en la televisión: ciudadanos ávidos de sol y de disfrutar del aire por fin salían de sus casas, y de repente emitían gritos de pavor. Terribles ronchas de aspecto infeccioso en su cuerpo. Se desmayaban. Los rayos del sol ya no eran buenos. Los gobiernos de todos los países del mundo se pusieron a trabajar de inmediato: la situación era muy grave. ¿Cómo hacer frente a este nuevo y terrible bache que desencadenaría una nueva crisis mundial cuando por fin empezábamos a ver la luz al final del horrible túnel del coronavirus? Veíamos la luz al final del túnel… pero la luz del sol ya no era buena.

De repente, mientras nos mirábamos los unos a los otros anonadados ante aquellas impactantes noticias, uno de mis compañeros abrió completamente los ojos, hasta el punto que parecía que se le iban a salir de las órbitas, y empezó a temblar convulsivamente, como si tuviera un ataque epiléptico.

-¡JESÚS, JESÚS!-exclamé, mientras me abalanzaba sobre él e  intentaba sacarle la lengua de la boca para que no se la tragara.-¿Sabías si era epiléptico o algo así?-le pregunté a Miriam, mi otra compañera, que era la que más lo conocía y lo contemplaba todo en estado de shock, sin creer lo que estaba pasando. Repentinamente respondió:

-No lo sé, debe haberse quedado conmocionado al enterarse de esto…La verdad, no es para menos-murmuró.

Y en efecto, así fue. Cuando volvió en sí, quedó en estado catatónico. Y no volvió a hablar.

A partir de aquel momento los días pasaron, era como de pesadilla, de ver para no creer. Se estableció un nuevo orden mundial. Se decretaron nuevas medidas extraordinarias para controlar aquella extraña epidemia, que afortunadamente solo parecía provenir de la luz del sol, y no parecía ser contagiosa, al menos hasta donde sabíamos. Pero la exposición durante unos escasos minutos podía causar la muerte.

No se podía salir de día: las tiendas, los escasos negocios que había conseguido sobrevivir a raíz de la crisis sanitaria abrían al anochecer. Así pues,  las alimañas aprovechaban para cometer las peores maldades. Los saqueos se sucedían día sí, día también. Y lo que es más preocupante: la comida empezó a escasear a un nivel alarmante. Y los animales. Granjas que se quedaban vacías. Al principio desaparecían uno o dos. Pero con el paso del tiempo llegó a  ser más preocupante, lo cual suponía un problema bastante serio: empezaban a escasear los recursos básicos… Ni carne, ni leche, ni huevos. Cerdos, gallinas, vacas, ovejas, cabras. Todos empezaron a desaparecer. Y no dejaban ni un atisbo: era como si se los hubiera tragado la tierra. Así pues, los alimentos empezaron a escasear de manera preocupante, con lo que eso conllevaba: un gran encarecimiento. Con el tiempo, las cosechas también desaparecían. No recuerdo haber pasado más hambre que en esa época, pues teníamos que estirar lo que nos quedaba hasta la saciedad, dada la alarmante escasez. Fue terrible.


Continuará...

sábado, 28 de marzo de 2020

Tres

Cerró el portátil con los ojos llenos de lágrimas consciente de lo que se avecinaba, con la ansiedad golpeándola con fuerza, dejándola sin respiración. Pero con suerte, esta vez ya había terminado, ya sería la última, y realmente la peor, pero al menos tenía la certeza de que ya nunca más la molestaría, ya sí que se acabó. Así que trató de serenarse, tras gastar medio paquete de kleenex, pero con la tranquilidad del que sabe que esa será la última vez que lo pasará mal por algo. Entonces, tras respirar hondo, se preparó para lo que, en casos como aquel, era su ritual.

Tres. Siempre eran tres. Cerró los ojos, sentada en el borde de la cama. Primera: punzadas en su cabeza, como agujas que parecían querer atravesarle el cráneo. Podía sentir cómo sus ojos se nublaban. De inmediato, aparecía la segunda: pinchazo agudo en el corazón. Se llevó una mano al pecho, apretando, como si eso pudiera mitigar el dolor que estaba sufriendo. Tercera: tardaba más, mientras primera y segunda se difuminaban, la tercera era más constante: no le permitía cerrar los ojos. Daba igual cuanto leyera, como si se leía el diccionario, o el Quijote, nada conseguía cerrar sus párpados. Abiertos como persianas. Vidriosos, al cabo de unas horas, clavados en el techo. Comiendo techo otra noche. Tres. Tres dolencias.

Así pues, hacían falta tres remedios, cómo no.

Se levantó de la cama, estirando su cuerpo y como una autómata, se dirigió a la cómoda. Abrió el primer cajón, donde guardaba las medicinas. Ahí estaban sus remedios. Tres blíster, con diferentes tipos de pastillas. Sacó la primera: esa era para evitar que su recuerdo le pinchara en la cabeza hasta hacérsela trizas, pues tanto llorar y llorar acarreaba esa dolorosa consecuencia. Esa era la más grande. Segunda: más alargada, era para evitar que el corazón se acelerara tanto que pareciera que se le iba a salir del pecho, y que le doliera tanto en ese agonioso pinchazo. De hecho,a veces imaginaba que se le iba a desgranar en una agonía sin fin y finalmente iba a sangrar por los ojos, después de que no le quedaran las lágrimas, hasta finalmente quedarse seca. Como el episodio con la lanza de Longinos al revés. Tercera, redonda y pequeña: para conseguir dormir. y evitar que los monstruos tiraran de sus pestañas y pudiera cerrar los ojos al fin.

Y mientras las tenía a las tres en la palma de su mano y se dirigía de nuevo hacia la cama, murmuraba. rezando porque no se metiera en sus pesadillas, para que su recuerdo dejara de atormentarla, para que su presencia se marchara, para por fin alejara de su vida el lastre que desde que fue pequeña siempre la acompañó, siempre en su cabeza, oprimiéndola. Siempre en su pecho, ahogándola. Siempre en su subconsciente, desvelándola.

Se sentó, y escuchó cómo el somier emitía un leve crujido. Suspiró. Algún día habría que cambiar esa vieja cama. Pero no era lo más acuciante en ese momento. Observó en la palma de su mano las tres pastillas, sus tres formas diferentes. Ayudas para combatir contra los monstruos que la acechaban desde hace tiempo. Incluso cerrando los ojos los veia, pues estaban en todas partes. En su cabeza, torturándola sin cesar; metiéndose dentro de su piel, rondando alrededor de su cama, camuflándose con las oscuras sombras que se confundían al anochecer en la penumbra de su habitación.

Así, pues, se encontraba luchando contra ellos. Luchando con cobardía realmente, dejando que los procesos químicos liberados por las pastillas actuaran en su organismo librando la batalla que su propia voluntad y su delicada salud mental eran incapaces de mantener en ese terrible momento de su existencia.

Apesadumbrada, miró hacia la mesilla. Pasó el dedo índice por su superficie y una leve capa de polvo quedó adherida a él.Ya hacía falta ir pasándole un paño. Ahí estaba el vaso de agua de color azul, medio vacío. Sonrió con tristeza. "Así lo ve el pesimista, pero el pesimista es sólo un optimista  bien informado" pensó.

Introdujo las pastillas en su boca, y bebió agua del vaso. Las tragó y se acostó, y tras apagar la luz, una leve sonrisa asomó en sus resecos labios. Otro día, otra batalla perdida, pero al mismo tiempo ganada. Un dulce sopor empezó a invadirla, al tiempo que sus párpados al fin se cerraban. Su respiración se calmaba, los latidos de su corazón iban a ritmo normal, y los pinchazos que su cabeza sentía se retiraban cual batallón levantando sus lanzas, liberando a sus cautivos cercados, dejándolos marchar. Esos monstruos ya no la molestarían más.


sábado, 14 de marzo de 2020

Día 1 de aislamiento


No sabemos aún las medidas que decretará el gobierno para evitar el contagio de este cabrón de Coronavirusín, pero mejor empezar a armarse de paciencia.

De momento, al haber ido esta mañana a comprar al supermercado, hemos podido apreciar (aparte de que hay una alarmante demanda de papel higiénico( Y TAMPONES, QUE PARA QUÉ COÑO QUERRÁ LA GENTE TANTOS TAMPONES)... Menos mal que la salud anal aquí en nuestra keli no es nada preocupante de momento. Ah, y por supuesto que las legumbres están casi desaparecidas, y comprar un puto paquete de macarrones es una odisea, por no mencionar las ganas que te dan de zarandear a toda la puta gente que llena carros y carros sin cesar como si acabara de anunciarse el puto apocalipsis... En fin, supongo que es lo que nos toca. Eso... Y QUE ES DE PRIMERO DE APOCALIPSIS DARTE PUTA CUENTA DE QUE TIENES COMO KILO Y MEDIO DE LENTEJAS ANTES DE SALIR DE TU CASA, PEDAZO DE IDIOTA. Pero bueno, que al menos de eso ya sí que no falta. Nota mental: buscar recetas originales con lentejas.

Una caja de cartón ha sido latrocinada del contenedor como idea de mesa portátil para armar un señor puzzle  de 1500 piezas porque claro... Tanto aislamiento... Leer y ver pelis está bien pero hay que buscar otros entretenimientos para variar un poquillo. Pues bien, en el proceso de devolver los restos de la mencionada caja, se ha podido ver que Coronavirusín debe afectar también al civismo, porque un... subproducto social, echó el plástico en el azul y el vidrio en el amarillo, y cuando fue increpado sólo dijo "uh".

En fin, seguimos a la espera de las noticias del gobierno. De momento podemos decir que Coronavirus 1, semana santa 0...

lunes, 3 de febrero de 2020

Dejar de ser lo que fuiste para alguien siempre es algo dificil de gestionar.

También lo es intentar que no te afecte pero no poder evitarlo. Y vienen los sentimientos encontrados. Saber que aún así hay que tirar palante. La vida es dura, pero más duro es saber que lo que fue ya no está. Me pesa. Me callo. Pero me pesa. Me pesa terriblemente en el estómago, me pesa en las lágrimas que derramo porque no puedo evitarlo, me pesa en el latido continuado del corazón que a pesar de su estado intenta serenarse. En la cabeza que no para de inquietarse pero trata de calmarse para no perder la cordura. Cordura para NO MOLESTAR, CORDURA PARA NO DECIR NADA DE LO QUE ME ARREPIENTA.

Reprimo una sonrisa irónica. Cordura. Nunca ha habido cordura en esto. Sólo el atropellado fluir de mis más apasionados sentimientos. Qué bonito. Qué tristeza.

Me siento como si estuviera tirando constantemente de un hilo que muestra resistencia. Como si estuviera abrazando a un muñeco de nieve que debo soltar porque si no me congela.

Pero miradlo, cómo no intentarlo, cómo... Cómo tantas cosas. Es igual.

Lo que sea será. Pero hoy,  esta mañana, así es.

Pasará el día, me repondré. Pasará el tiempo, me curaré. Pero pase lo que pase, nunca te olvidaré.

E inevitablemente, aquí estaré.

Pero ahora, es mejor que fluya en el pantano de la tristeza, que me ahogue  en él lentamente. Ya saldré.

Inúndame.




martes, 21 de enero de 2020


Lo hueles, lo sientes, te acercas.

Oh, depredador, oh salvaje potencia animal.

Tú,y yo, no me hace falta nada más.

Siento tus ojos clavados en mí, incluso a través de las llamas.  Tu mirada me devora con su intencionalidad, y me hace arder por dentro... Y eso que ya sentia calor al estar junto a la hoguera. Contempló el fuego y sonrío. Podría abrasarme si me acerco lo suficiente, pero ese no es el fuego en el quiero arder esta noche.

Sigues mirándome, prolongas mi deseo, hasta que mis ganas se vuelven insoportables. Mi boca se llena de saliva, me muerdo el labio. Las palpitaciones hace rato que descendieron y la humedad  empieza a ser tan abundante que hasta llega a avergonzarme. Pero no me besas. No te acercas. Te quedas al otro lado, recreándote en mis expresiones, aspirando, oliendo. Maldita sea, cabrón pervertido. Sabes bien que la espera es el mejor aliento para el placer, pero te estás retrasando demasiado. Me da igual, hoy vas a ser mío sí o sí. Mi deseo te va a buscar.

Me levanto bruscamente, bordeo la hoguera que nos separa, y me siento a horcajadas sobre tu regazo. Lo primero que veo antes de abalanzarme sobre tu boca es una ligera sonrisa de triunfo. Sí, has ganado, eres irresistible para mí, férrea voluntad... No sé como has resistido aún el impulso de tomarme. Te beso con fuerza, entreabro tus labios con mi lengua y tu voluntad aguanta hasta que nuestras lenguas se juntan y nuestras salivas se mezclan. Mmmm. Que delicioso es ver cómo te enloqueces. Masculla, gruñe, sexy animal.

Me agarras con fuerza apretándome contra tu cuerpo. Sonrío entre besos apasionados al notar el bulto casi a punto de estallar contra la tela. Sí, joder. Más humedad en mi entrepierna. Maldito calor... Hago amago de desprenderme de la ropa, pero tus manos ya se están encargando de ello... Y de qué manera. Sin dejar de mirarme a los ojos, veo mi vestido poco a poco siendo arrancado mientras tu lengua recorre todo trozo de piel que aparece. Gimo al sentirla en mis pechos, en mis pezones, descendiendo por mi ombligo... JO-DER. Te detienes en mis bragas. Tu mirada desde mi entrepierna besando la tela sin llegar a la insoportable humedad. Mi mirada dura, de  HAZLO YA. No te haces de rogar, afortunadamente muestras algo de compasión al ver mi mirada implorante y al acariciar la empapada tela que cubre mi entrepierna. RASH. Fuera la puta tela, menos mal. Antes de hacer lo que quiero, me permites recrearme con tu gloriosa desnudez quitando las prendas que te cubren. Oh, qué gusto, oh, qué placer, simplemente con ver. Al instante tu boca en mi entrepierna. Me dejo caer hacia atrás, te siento saborear, deliciosa sensación. Tus dedos indagan por mi más sucia intimidad hasta hacerme gritar mientras tu lengua trabaja maravillosamente en mis íntimos rincones. Me conoces, sabes, entiendes. Y eso me vuelve loca, y lo sabes bien. Exploto en tu boca y miras hacia arriba. Me ves recuperar el aliento y sonries. Pero no me vas a dar mucho tiempo. Y yo a ti tampoco. Chupo tus dedos con ansia mientras te miro a los ojos. Te muerdes el labio. Sí, dámelo ya.

Saborear, lamer de arribabajo, con deleite, llenar mi boca de ti hasta saciarme, pero no hasta el final. Aún no es momento de derramarse... Me pongo bocabajo y arqueo mi cuerpo. Lista para ti, dispuesta como siempre, lo sabes.

Enérgicas palmadas, saliva sobre la humedad que no deja de manar. Contigo es imposible que eso pare. Sonríes. Eso es que es inevitable. Agarro tu mano con fuerza. Se acabó la delicadeza. Te colocas detrás de mí embistiéndome con fuerza mientras me agarras del pelo. Sí. Suspiro al tiempo que te mueves. Rápido al principio, luego más lentamente, un ritmo constante. Gírame, quiero verte, quiero tocarte, quiero mirar esos ojos y ver tu excitada expresión. Báñame de saliva, de sudor. Seamos uno entre efluvios. Sí. Más rápido, jadeos más seguidos, cierras los ojos. Grita, haz ruido, cambia tu expresión, ojos que se entornan. OH, POR FAVOR. Te miro, aún no, por favor, aún no. Mi mano se desliza rápidamente hasta el centro de mi cuerpo. Un rubor en mis mejillas al rozar tanta dureza. Sonríes, me miras. No te preocupes, yo tampoco puedo más. Me escuchas, inevitable, más cerca, joder, sí, joder, joder, joder... Placer infinito, pálpito, delicioso pecado que se derrama. Ven conmigo, quédate sobre mí. Otro momento en mi memoria para agradecer mi existencia, otra fantasía.

...Y así, sumida en tales pensamientos a veces me derrumbo sobre la cama. Feliz, excitada, sonrojada, relajada.




No, no tiene por qué ser peor lo que se imagina que lo que sucede en realidad. Más al contrario, a veces puede ser mil veces mejor. Lo que hay ahí fuera no le llega ni a los talones a lo que sucede en nuestras cabezas. Y  a veces..."cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia".

martes, 14 de enero de 2020

Pelitos


Hay amor en muchos lugares, parafraseando a aquel, que bien lo sabe, pozo de sabiduría infinita; nunca dejo de aprender. Aunque realmente a lo largo de los años creo que lo que hago más bien... Es que sustituyo unos recuerdos por otros, que se empañan entre nubes de cebada. Bah, para el caso da igual. ¿Qué sentido tiene lo bien o mal hiladas que estén las frases que van tomando forma ante los aleatorios pensamientos de esta cabecita loca? Mientras se entienda el trasfondo de lo que quiero decir... Quizá no lo entenderéis, pero lo importante es que yo sí me entiendo, pero si lo captáis es mejor... Bueno, al solomillo, que me pierdo. Amor... Sí, de amores en parques, en canciones, en litronas que se comparten (¿no dije que mis recuerdos se empañaban entre nubes de cebada? Joder, bien mirado queda hasta bonito en su borracho sentido). Esos amores TAN conocidos. Sí. Pero hoy estaba barriendo. Y no he visto sus pelitos. Y me he derrumbado. Y me he dado cuenta de que lo que importa es lo que más ruido hace cuando se va. Dioses. Cuan fuerte es el estruendo de una ausencia, de lo que no está. Ya no están sus ruidos, ni sus pelitos, ni su calorcito en el sofá. No hay paseos, ni agua en la botella, ni na de na. La costumbre, qué mala es. Y los pelitos que maldecía barrer cada dos por tres, ya no están. Y me pesa la ausencia de esos pelitos. Pelitos, que se desenredan con cariño. Pelitos que se quedan entre la ropa, y te hacen sonreír, recordando quién los dejó ahí, de estar tan cerca de ti. Pelos que se enredan en prendas más íntimas y te hacen humedecer y sonrojar. Lo más tonto, lo más simple. Un simple pelo y todo lo que conlleva. Tonterías, ¿verdad? Lo sé. Pero ahora recuerdo que barriendo no encontré sus pelitos. Y me he vuelto a derrumbar.